..."¿Cómo las innumerables especies que habítan el mundo se han modificado hasta adquirir esta perfección de estructuras y esta
adaptación mutua que causa, con justicia, nuestra admiración?...Charles Darwin



miércoles, 29 de agosto de 2012

Cultura Clásica: Civilización Micénica"


                                Introducción


Con la llegada de los pueblos indoeuropeos a Grecia y Asia Menor, en torno al año 2000, se produce un cambio generalizado en estas áreas geográficas. Durante algunos siglos, este territorio presenciará el advenimiento de nuevas gentes y el lento desarrollo de su cultura, en un período que se ha comparado con la posterior Edad Oscura, cuando sean los dorios los nuevos señores de Grecia.
 Esta etapa comprende todo el Heládico Medio, entre 2000 y 1600, y en ella se forja la primera cultura propiamente dicha, aunque ello sucede de un modo casi anónimo. Los restos arqueológicos son de una pobreza desesperante y muestran el proceso de adaptación de los aqueos, pueblo nómada dedicado a la ganadería en las llanuras esteparias de allende los Balcanes, a la agricultura mediterránea y al comercio marítimo dominado por Creta, entonces inmersa en su período de los Primeros Palacios.
Los nuevos pobladores se establecieron por casi todas las regiones de Grecia y la costa egea de Anatolia, concentrados sobre todo en aquellos lugares que ya contaban con un amplio desarrollo en el Bronce Antiguo, tales como Troya  Eutresis y Orcómenos en Beocia, Lema y Tirinto en la Argólida, y Malti en Mesenia, entre otros.
La llegada de estos pueblos indoeuropeos es lenta y casi inapreciable en la mayoría de las ocasiones. En Troya V, cuyo fin se sitúa hacia 1900, tan sólo se comienza a notar la presencia de la cerámica miniana, característica de estos pueblos (así llamada por hallarse primero en Orcómenos, donde reinó el homérico Minias) y nada más. El paso de Troya V a la gran ciudad amurallada que es el nivel VI, se realizó sin traumas, no hay ningún tipo de destrucción. Los movimientos de gentes de un lado hacia otro eran cosa común en los tiempos antiguos y no siempre respondían al prototipo de invasiones bárbaras, sembrando muerte y desolación a su paso.
La penetración indoeuropea en Grecia no parece ser precisamente de este último tipo pues, en la mayor parte de los sitios en que se documenta, la presencia de estas nuevas gentes ha dejado huellas casi imperceptibles, de extrema pobreza en los primeros momentos.
Los aqueos invasores adquirieron el control de estas zonas y aportaron la doma del caballo, el carro de guerra, las espadas largas de bronce, una cerámica muy típica y poco más. Organizados en familias con un lazo de parentesco bien establecido, la unidad social más importante es el poblado, presidido por un príncipe-guerrero y estratificado en tres clases, al modo indoeuropeo: guerreros, sacerdotes y campesinos.


Una vez establecidos en los diversos lugares de Grecia, el sedentarismo hará adquirir a los nuevos pobladores las técnicas artesanales que dominaban los antiguos habitantes, más avanzados que ellos. A fines del Heládico Medio y comienzos del Reciente, cuando allá en Creta los minoicos han construido sus Segundos Palacios, los aqueos demuestran su capacidad organizadora y se empiezan a ver los que serán los reinos aqueos descritos en la "Iliada", encabezados por las ciudades de Iolkos en Tesalia, Tebas, Orcómenos y Gla en Beocia, Atenas en el Atica, y en su mayor parte concentrados en el Peloponeso: Micenas Tirinto, Argos, Lerna y Asine, en la Argólida, Pilos en Mesenia, y algún que otro resto de la predecesora de Esparta en Laconia.
Además de estas ciudades, protegidas ya en el Heládico Reciente II por poderosas murallas, existen multitud de aldeas y villas nobiliarias o granjas dispersas en el paisaje griego, de las que en muchos casos quedan tan sólo sus tumbas o los depósitos votivos en ciertos santuarios. Entre estas residencias hay que citar la fortaleza de Midea (actual Dendra, en la Argólida).

 Es el período del Heládico Reciente el de apogeo de esta civilización, denominada micénica por Schliemann, a partir de sus excavaciones en el Círculo A de tumbas de la más importante ciudad aquea, Micenas. Por ello, cada una de las tres etapas del Heládico Reciente es llamada también Micénico Antiguo (1.600-1.500), Medio (1.500-1.380) y Reciente (1.380-1.100), respectivamente.

                           
                      Características de la civilización micénica

Muchos son los rasgos que diferencian de un modo tajante esta civilización de la minoica; la diferenciación étnica fue el detonante de ellas. Las principales características son:

  • por primera vez los gobernantes quieren dejar constancia de su vida y su status social, manifestado sobre todo en el enterramiento; por primera vez se delimitan espacios sagrados para tumbas; es el caso de los dos círculos de tumbas delimitados de Micenas fuera del casco urbano con ajuares para los muertos, lujosos objetos metálicos y objetos guerreros (petos de oro, collares, pendientes y máscaras faciales de oro, etc...); es la inmortalización del poder y la autoridad; (uno de los círculos, con la ampliación de las murallas de Micenas quedó encerrado dentro del núcleo fortificado).

  • Aparición del carro de combate; parece ser un elemento que trajeron los griegos y que exportaron a la Creta minoica; se conocía el carro de bueyes para transportes, pero el carro de combate se caracteriza por su ligereza y por ser llevado por caballos (en Creta minoica se usó el tiro de caballos para transporte al ser un pueblo pacífico); otra arma propia de los micénica es la espada larga y muy particular es la armadura de láminas de metal (bronce) y casco de dientes de jabalí.

  • la sociedad presenta una estratificación social muy marcada, dominada por una nobleza guerrera que concentra el poder (en los enterramientos se ha visto que además son de una altura y corpulencia mayor que el resto de habitantes de estos asentamientos); también hay especialización del trabajo en función de las habilidades técnicas y artísticas.



  • el rasgo propio que quizá defina más a los micénicos y domine en todo su teritorio es la gran tumba llamada de tholos (o de colmena) de las que la más famosa es la denominada Tumba de Atreo en Micenas: una gran cámara mortuoria construída por completo con grandes bloques de piedra, de dimensiones enormes y que no tiene precedentes arquitectónicos ni dentro ni fuera de Grecia ;

 


  • la vida micénica también está marcada por una gran religiosidad: el futuro panteón griego se empieza a dibujar en estas fechas con las divinidades indoeuropeas aportadas por los griegos: Zeus, Hera, Posidón, Artemis, Atenea, Hermes, Ares y Dioniso; la santidad y temor por los muertos es un ejemplo; hacían sacrificios humanos a los dioses según las tablillas de Pilos; no obstante parece ser claramente indentificable la Gran Diosa Madre de la civilización minoica reencarnado en Potnia con el título de da-pu-ri-ti-jo (la dama del Laberinto).  



  • los asentamientos se basaban en el levantamiento de casas a modo de celdas denominadas mégaron , casas con un porche con columnas, una larga habitación rectangular y en muchos casos al final de ésta una despensa; en ellos el edificio sobresaliente era el palacio y después la adición de fortificaciones como los muros "ciclópeos" de Tirinto o las gruesas murallas de Micenas con la puerta de los Leones de acceso al complejo amurallado, protecciones contruídas con grandes peñascos y bloques de piedra labrada; el palacio era además el centro del culto religioso, junto con algunos santuarios externos a los asentamientos a modo de ermitas.

  • Megarón (Pilos)
    Puerte de los Leones


        


















                             Evolución de los reinos micénicos


    Los centros micénicos no eran verdaderas ciudades, aunque se les llame así (yo he preferido llamarlos asentamientos); las ciudadelas o fortalezas eran únicamente eso y sólo albergaban un palacio y poco más. Diseminadas por las cercanías de los asentamientos se han encontrado restos de poblamientos a modo de pequeñas aldeas en colinas donde habitaban en gran masa los habitantes de cada reino (de ahí que en las tablillas de los palacios se haga referencia a muchos nombres de localidades desconocidas para nosotros, pero que corresponden a estas aldeas; así sucede en Pilos).

    El palacio y el reino lo regentaba un gran señor (un rey) cuya riqueza no obstante no se basaba exclusivamente de los tributos de sus campesinos; había también artesanos que trabajaban la producción de cerámicas, armas de bronce y otros artículos. Asímismo eran buenos marineros y, aparte de la rapiña y el saqueo cuando podían, se dedicaban al comercio. Artesanos y campesinos se incluían en una economía de palacio, aunque contaran con una organización de cierta independencia en el marco de las estructuras aldeanas. El wanax , gran señor rey, eran sustituídos en las aldeas por basileis y consejos de gerontes. que se encargaban de organizar y administrar los campos y actividades artesanales. Comenzaba la división de clases.
    Los wanax y lawagetas (jefes del ejército y también con atribuciones religiosas-sacerdotales) poseían un pedazo de tierra denominado temenos por las tablillas donde se indica que es un pedazo de tierra sagrado destinado a su beneficio y usufructo privado, mientras que las demás clases sociales los basileis (administradores o ancianos de las aldeas) vigilaban la tierra denominada kekemena (de la comunidad) y los telestai poseían un pedazo de tierra denominada ktimena (propia), mientras que los demás, el damos, se encargaban o de tierra ajena o de trabajos artesanales.

    Los micénicos viajaron en busca de rutas comerciales, bien las de sus predecesores o bien nuevas; su motivación primera era la búsqueda de metales y de ahí que abrieran rutas hacia Occidente (Sicilia e Italia) desde el s. XV a. C., pero también al Báltico en busca del ámbar nórdico, pero también llegaron a Asia Menor, Chipre, Siria y Egipto en busca de miel, oro, tejidos, marfil, pasta vítrea, papiros, perfumes y ungüentos; lo sabemos por los restos de cerámica micénica allí encontrados.
    En función de la cerámica la época micénica se subdivide en:
    • período I: ca. 1550 a. C.
    • período II: ca. 1500
    • período III A: ca. 1425
    • período III B: ca. 1300
    • período III C (incluído submicénico): ca. 1230-1050.
    Del 1400 al 1200 a. C. los estados micénicos comienzan su esplendor. sus exportaciones crecen y son más visibles en casi todo el mundo conocido por aquel entonces. Todas las regiones de Grecia presentan instalaciones en el continente e islas de cultura micénica, todas ellas con un poder central que se centraba en el poder territorial.

                         La Guerra de Troya

    La mitología y la realidad se entremezclan de tal manera que en algunas ocasiones es difícil saber qué hay de verdad y que de mito en toda la historia de la  antigua Grecia y más concretamente en la guerra de Troya.

     Troya fue una de las ciudades más importantes de la antigüedad, situada en lo que sería actualmente una de las zonas marítimas de la costa de Turquía, poseía una situación estratégica, un puente entre Oriente y Occidente y un lugar de paso para las mercancías que eran transportadas al continente europeo. Hasta principios del s.XX se pensó que Troya era una ciudad mitológica y que por lo tanto no había existido, sólo en la mente del gran escritor de la antigüedad Homero, no obstante un arqueólogo alemán (Schliemann) a mediados del S.XX logró rescatar del las ruinas lo que fue la ciudad de Troya, y fue entonces cuando la comunidad científica empezó a cuestionarse el relato de la Guerra de Troya como cierto.

    El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos.

    Homero
    La caída de Troya se encuadra en un periodo histórico marcado por la decadencia de reinos, imperios y culturas. Es el fin de toda una época gloriosa que generaciones de siglos siguientes llamarían “La Edad Dorada”en contraposición a “La Edad Oscura” durante la que el sentimiento popular colectivo hizo, rehizo y reinterpretó embelleciéndolos, las gestas y los palacios de aquellos lejanos héroes hasta convertirlos en leyenda. Cuando estas leyendas trasmitidas durante siglos por tradición oral fueron recopiladas por poetas, que les infundieron nueva frescura, los palacios de Creta y de las antes poderosas ciudades micénicas yacían enterradas. Troya llevaba cuatro siglos abandonada. 

        Los Enemigos: Aqueos y Troyanos

        Hablar del mundo micénico, de la cultura micénica, que toma su nombre de Micenas, ciudad que en la gesta homérica era la capital del reino de Agamenón; es hablar de los aqueos. Homero nunca habla en “la Illíada” de “griegos”, que es un término posterior. Para referirse a los ejércitos que sitiaron Troya, lo hace como aqueos, algunas veces danáos o helenos.

        Algunos investigadores los relacionan con los hititas, otros los hacen originales del norte de los Balcanes. Lo que esta claro es que era un pueblo indogermánico, guerrero que conocía la domesticación del caballo y el hierro. Y que sobre él 2000 a. C. Inicia un movimiento migratorio desde sus lugares de origen. Un ramal de esta corriente llega sobre 1800 a.C. a la Grecia continental mientras el resto continúa por Centroeuropa hasta la Península Escandinava, e incluso algunos investigadores aventuran hasta las Islas Británicas.

    Firmemente asentados en suelo griego, alrededor del 1600 a.C, se inicia un fecundo proceso de mestizaje étnico y también cultural, en el que los nuevos elementos se mezclan con el sustrato heleno muy influenciado por la rica cultura cretense. El resultado es lo que se ha dado en llamar “Cultura Micénica”. Se organizaban en algo semejante a ciudades-estado, con zonas de influencia política y económica; auténticos reinos independientes (los héroes aqueos de la “Illiada” eran señores de su reino) que cuando las circunstancias externas lo requerían abandonaban su frecuentes y mutuas reyertas para unirse frente a una causa común, tal como hicieron para atacar Troya.

    La privilegiada situación geográfica de Troya, por la que controlaba tanto las rutas comerciales con oriente como el trafico marítimo hacia el mar Negro, que le daban acceso a los mercados del trigo y los metales, a lo que se le añadía el peaje que los navíos que franqueaban el Helesponto debían pagar al rey de Troya, levantaron la codicia de los reyes aqueos.

     A esto hay que sumarle que los troyanos no debieron recibir con agrado a los colonos micénicos, que presionados por la sobrepoblación continental, ya habían empezado a asentarse en la Troáde. Su bien organizado ejercito bien podía convertirse en un elemento disuasorio para estos obligados movimientos de inmigración aquea.

    La fórmula para terminar con el poderío troyano fue la guerra de desgaste, ahogar la economía troyana. Más que una guerra de diez años, se piensa en una sucesión de incursiones guerreras aqueas, que Homero y otros poetas fundieron con fines dramáticos en una sola. No se explica que una ciudad totalmente sitiada resistiese diez años. “La Illiada” confirma que tanto la puerta Skeas como la Dardanea permanecía abiertas en tiempos de tregua (habría que hablar “en tiempos de paz”) y aqueos y troyanos acudían libremente al templo de Apolo Timbreo, situado en zona neutral; además de recibir víveres y productos comerciales de sus aliados. Por otra parte la ciudad no estaba rodeada de tropas (algo imprescindible para sitiar una ciudad). El campamento aqueo se levanto a la orilla del mar (a unos seis kilómetros de las murallas), pero los ejércitos aqueos apostados periódicamente ante Troya y las continuas beligerancias, convirtieron la costa asiática, en zona conflictiva y poco segura, por los que las rutas comerciales que mantenían la pujante economía troyana se desviaron .
         Poco a poco privada de sus recursos, Troya no pudo mantener ni su ejército, ni la “lealtad” de sus asociados.”Troya la sagrada”, “La ciudad de anchas calles”, cita Homero, estaba lista para sucumbir en un último episodio bélico que tendría su punto álgido en la toma de la ciudad mediante torres de asalto móviles, que la poesía convirtió en un enorme caballo.

    Resumen de la Iliada:

    Todo comienza con el episodio de “la manzana de la discordia”.


        "Eris, diosa de la discordia no fue invitada a un banquete nupcial que se celebró en los salones olímpicos. Para vengarse arrojo allí una manzana de oro con la inscripción “para la diosa más bella”. Como Hera, Atenea y Afrodita, que se disputaban su posesión no se pusiesen de acuerdo, decidieron que fuese el príncipe Paris,“el más hermoso de los hombres”, el que zanjase la cuestión. Paris le concedió la manzana a la diosa del amor, lo que le valió la enemistad de Hera y Atenea. A cambio la caprichosa Afrodita le concedió el derecho de tener a “la más bella entre las mortales”.

        La princesa Helena,“La más bella entre las mortales” estaba destinada al matrimonio. Para ello su padre, el rey Tíndaro, reunió a todos los reyes aqueos, que acudieron a la invitación con ricos regalos en la esperanza de ser elegidos como esposo. Tíndaro no acepto ningún presente. Solo hizo prometer a los pretendientes que cualquiera que fuese el elegido por su hija, todos acudirían en ayuda del esposo cuando la belleza de Helena le pusiese en dificultades. Menelao, rey de Lacedemonia fue el elegido.

        Afrodita puso en conocimiento de Paris, que Helena vivía en Lacedemonia junto con su esposo el rey Menelao, hermano de Agamenón rey de Micenas.

    Helena de Troya
    Como príncipe troyano Paris viaja a Lacedemonia, y como tal fue recibido. Allí conoció la hospitalidad y la generosidad de su rey. La belleza y las insinuaciones de Paris vencieron a la reina, que ya tenia dos hijos de su esposo. Aprovechando una ausencia de Menelao, que acudió al entierro de su padre, huyeron a la patria del seductor después de haberse apropiado de buena parte del tesoro real. El burlado marido recordó a los antiguos pretendientes de Helena la promesa hecha a Tíndaro . No todos los que habían hecho solemne juramento estaban dispuestos a ir a la guerra y así, cuando Menelao, Nestor y Palamenes, se dirigieron a Itaca para pedir la ayuda de su rey, Ulises; encontraron a éste intentado eludir la promesa dada haciéndose pasar por loco. No menos indigno fue el comportamiento de Aquiles, al que Menelao y Ulises descubrieron en el gineceo de su palacio de Tesalia, disfrazado de doncella.
                   
        Después de arduas negociaciones, al final, en Aulide, en la isla de Eubea, junto a la costa egea griega, se reunieron veinticinco reyes en una expedición de castigo contra Troya. La formaban mil doscientas naves y más de cien mil guerreros con Agamenón como “general de generales”. La fuerzas navales quedaron al mando de Aquiles y Ajax.

        Por su parte los troyanos en una federación de las principales ciudades de la costa norte de Asia Menor reunieron un ejercito de cincuenta mil hombres. De todos los reyes que apoyaban la causa troyana, y la suya propia con aquella, destacaban: Eneas, rey de los dardaneos, y Reso, señor de Tracia.
        Tras la travesía por el Egeo  armada aquea ancló sus barcos en costa troyana, protegiéndolos por una enorme empalizada de los ataques troyanos. Daba comienzo así una larga guerra de desgaste.


        Durante nueve años la balanza no se inclinó claramente hacia uno u otro bando. Mientras, “los Divinos habitantes” del “Cronos que todo lo cubre”, se divertían participando en la guerra de los hombres. Las agraviadas en el juicio de Paris; Hera,“la de los blancos brazos”; Atenea “la de la mirada clara” y Hefestos “el señor de los fuegos subterráneos”, tomaban partido por los aqueos. Tetis, “la más hermosa de las Nereidas”, velaba por su hijo Aquiles. Afrodita tenía doble razón para favorecer a troyanos: por una parte era la beneficiaria del juicio de Paris, y por otro era la madre de Eneas, por su unión con un mortal. El fervor de Troya a Apolo, le valió la protección del “dios de dorado arco”. La situación de Zeus “el padre de los dioses”, era delicada. Unas veces cedía a las presiones de su irascible esposa Hera y de su enérgica hija Atenea, y otras a los ruegos de sus hermosos y queridos hijos Apolo y Afrodita
        Los poetas griegos dejan claras sus simpatías, quizás porque todos ellos eran originarios de Asia Menor. Mientras la mayoría de los héroes aqueos son dibujados como seres, traicioneros, brutales, jactanciosos, desafiantes de dioses y hombres; los héroes troyanos, a excepción de Paris, son representados como valientes, nobles, fieles a la palabra dada civilizados y humanos. 

        El décimo año de la guerra la suerte pareció abandonar a la empresa aquea. Apolo, envió una terrible epidemia al campamento aqueo, enojado porque cuando Crises, sacerdote de su templo, acudió a suplicar a Agamenón que le devolviese a su hija Criseida, prisionera y concubina forzosa del rey de Micenas; este le despacho con humillaciones y amenazas.

    Aquiles

        Cuando Aquiles descubre cual es la causa de los males que les asolan, exige a Agamenón que devuelva inmediatamente Criseida a su padre. Agamenón enojado acepta, pero a cambio ordena a Aquiles, que como compensación le entregue a su prisionera y concubina Briseis, que había sido la prometida de Troillo, hijo del rey de Troya. Aquiles se siente humillado públicamente, y decide que ni él ni sus mirmidones lucharan junto a los aqueos.
     
        La retirada de Aquiles no hubiese tenido gran trascendencia si no hubiese sido por el hecho de que este era el mas fuerte, arrojado y carismático de los guerreros aqueos, el que con la sola visión de su armadura y su carro infundía terror en las filas enemigas. Bien es verdad que el hecho de ser invulnerable a las armas desde que su madre le sumergió al nacer en el lago Estigia, era cosa de gran ayuda a la hora de darle seguridad y arrojo.Ante estos hechos funestos, el ejercito aqueo parece deseoso de regresar a sus respectivas patrias y abandonar una guerra en la que no se vislumbraba el fin. Los hombres ya se retiraban felices hacia los barcos, y solo las palabras y argumentos de Ulises y el sabio anciano Néstor, consiguen que regresen al campamento.

        Cuando los dos ejércitos van a entablar batalla, el mutuo agotamiento, les decide a que la situación se resuelva en un duelo a muerte entre dos guerreros de los respectivos bandos. El ultrajado esposo Menelao y el seductor Paris les representaran. Si gana el aqueo, los troyanos devolverán a Helena, los tesoros de los que se apropió y pagarán una fuerte indemnización de guerra, ellos retiraran sus naves y regresarán a sus ciudades. Si gana el troyano, Helena permanecerá en Troya con sus tesoros robados y los aqueos se retiraran sin cobrar la indemnización.

         Paris se apresta al duelo, pero cuando ve de cerca al impresionante guerrero que es Menelao,“el ardoroso en combate”, huye despavorido para refugiarse en la retaguardia de su ejercito. Sólo la vergüenza y los violentos reproches de su hermano, “el noble y magnánimo” Héctor, hacen que el cobarde regrese al duelo. Cuando Menelao está a punto de terminar con él, Afrodita acude en ayuda del troyano, cubriendo el campo de niebla y polvo.

        Tras la sangrienta batalla que sigue a esta dudosa situación, las fuerzas siguen niveladas, por lo que se pacta una tregua, que Héctor aprovecha para retar a uno a uno a los héroes aqueos. Ajax acepta enfrentarse a Héctor. Después de duro combate todo queda en tablas y Ajax y Héctor se intercambian sus armas en señal de mutuo respeto. Sin embargo este resultado exalta el ánimo de los troyanos, que crecidos lanzan todo su ejercito contra el aqueo y tras infringirle una terrible matanza, es acosado hasta sus naves. Los troyanos rompen las defensas costeras de los aqueos y prenden fuego a algunas navíos.
        La situación es tan desesperada que Agamenón ya piensa en la huida y Patroclo ruega a Aquiles, que desde su navío ha mirado impasible estos desastres, deponga su odio y acuda con su ejercito a reforzar a los aqueos. Como Aquiles permanece inmutable en su decisión, Patroclo toma la coraza, las armas, glebas y el carro de Aquiles y entra en el combate seguido por los mirmidones de aquél. Aqueos y troyanos creen que es el mismo Aquiles el que a toda velocidad recorre las filas enemigas. Su “presencia” enardece a unos y aterroriza a otros. En plena desbandada troyana, Patroclo se enfreta a Héctor. Después de durísimo combate cuerpo a cuerpo, el troyano atraviesa con su lanza al aqueo, le arranca las armas y la armadura , que después mostrará como preciado trofeo sobre las murallas de la ciudad.

        Cuando Aquiles tiene conocimiento de la muerte de su inseparable Patroclo y de la pérdida de su armadura, se abandona a unas profundidades de dolor y odio pocas veces reflejadas en la literatura universal. Jura no comer, ni dormir, ni enterrar a su amigo hasta que haya vengado su muerte. El odio hacia Héctor lo hace extensible a cualquier troyano. Puesto que ya ha encontrado otra causa hacia la que dirigir sus más oscuros sentimientos, abandona su enemistad con Menelao, que le devuelve a Briseis, y se presta a la batalla arengando él mismo a los ejércitos. Antes, su madre Tetis conmovida por su desesperación le ha entregado nuevas armas y armadura, que el propio dios Hefestos ha fabricado en sus fragua subterránea.

       Homero nos cuenta el enseñamiento de Aquiles. Enloquecido busca a Héctor, en medio de un campo de vísceras, miembros mutilados y cuerpos aplastados en el que su propio carro; salpicado con la sangre que los caballos levantan de los cadáveres; tiene dificultades para moverse. C. Un venablo atraviesa a Héctor de parte a parte ante los ojos aterrorizados de su padre Príamo. Como un animal que sólo ha hecho probar el sabor de la sangre, lleva su odio y sed de venganza a limites que aterrorizan a los propios dioses. Perfora los tobillos de Héctor para atar el cadáver a su carro y lo arrastra alrededor de las murallas de Troya ante la mirada horrorizada de su padre, madre y esposa. No satisfecho con esto, lo lleva al campamento con la intención de entregarlo a los perros. No lo hace porque decide que durante diez días hará la macabra ronda alrededor de la ciudad. Al décimo día se celebran las exequias de Patroclo. En la pira arderán vivos doce jóvenes prisioneros troyanos.

        Aconsejado por Apolo, que se ha conmovido por el dolor de Príamo, llega el rey al campamento aqueo. Allí de rodillas, besa y llora sobre las manos del matador de su hijo y le suplica que le devuelva su cadáver para que pueda ser entregado a los ritos funerarios. Sólo el recuerdo de su anciano padre conmueve el corazón de Aquiles y llorando entrega a Príamo el cuerpo de Héctor y la promesa de una tregua de doce días, para que puedan ser cumplidos todos los ritos debidos “a tan gran guerrero”. Durante doce días, llora la ciudad la muerte del “más noble de los troyanos”, y su propia desgracia. Cuando el cuerpo de Héctor termina de arder en la pira, la tregua se da por terminada y se reinician los ataques.


        Sin Héctor, la guerra se inclina hacia los aqueos. Pero Afrodita revela a Paris el único punto vulnerable de Aquiles, el talón; el lugar por el que su madre le sujetó para sumergirle en la laguna Estigia y donde el agua no le tocó. También le revela donde puede encontrarle, en el templo de Apolo Timbreo. Allí se dirige Paris, y en una apoteosis de cobardía, le dispara una flecha alcanzándole en su único punto vulnerable. Se cumple el oráculo que le fue revelado a Aquiles en su patria: si la abandonaba moriría ante los muros de Troya.
        Con estos hechos la guerra todavía continúa en un empate técnico. Ulises lo ve claro, y lo hace ver al resto de generales, que la guerra nunca se ganará por las armas sino por la astucia.

        Un día los troyanos asombrados vieron desde las murallas como el ejército aqueo se retiraba a sus barcos y éstos enfilaban proa a su patria. Casi tanto asombro como esto, les produjo la visión, delante de una de las puertas, de un enorme caballo de madera. Los troyanos felices al pensar que su resistencia había dado sus frutos, salieron de las murallas.
    Cerca encontraron a un aqueo, Sinon, al que hicieron prisionero y le interrogaron. Sinon declaró que la flota se había retirado hacia su patria, que él estaba destinado a ser sacrificado a Atenea y en último momento había podido escapar y que el caballo era una ofrenda de los aqueos a la diosa para rogarle que les concediesen viento favorable en su regreso.
    Lo habían construido tan grande para que los troyanos no pudiesen meterlo en la ciudad, y atraerse de esta forma el favor de la diosa. Conmovido por los llantos de Sinon, Príamo le acepta entre los suyos y le concede Troya como su nueva patria. Llenos de loco júbilo después de años de guerra interminable y sintiéndose seguros, los troyanos derribaron parte de una de las puertas de la ciudad y un trozo del lienzo de la muralla para permitir el paso del enorme caballo.

    Llegada la noche, bajo la incierta luz de una luna espectral, la ciudad, abandonando toda prudencia, se entregó a las celebraciones y excesos. Era el momento. Desde la parte más alta de la muralla y con una antorcha Sinón hizo una señal hacia la cercana isla de Ténedos, donde la flota aquea se había escondido. Era el momento de que regresase. Después se dirigió al caballo y abrió una puerta escondida por donde salieron Ulises, Menelao y un grupo de soldados. Los troyanos no pudieron reaccionar. 

    La ciudad fue entregada al saqueo y al incendio; los hombres en edad de coger armas, a la espada. En una orgía de venganza, el hijo de Héctor fue arrojado desde las muralla; los hijos vivos de Príamo no corrieron suerte más piadosa: Polidoro fue lapidado; Polixena, vehementemente deseada por Aquiles en vida, le fue sacrificada para acompañarle en la muerte; Casandra fue entregada a Agamenón; la esposa de Príamo, a Ulises; Andrómaca, la esposa de Héctor al hijo de Aquiles. El propio rey Príamo sufrió la venganza póstuma de Aquiles en el brazo ejecutor del hijo del aqueo. Después de matarlo, lo decapitó, descuartizó y ofreció sus restos a la tumba de Aquiles y a los buitres.


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                                                                       (Tesoro de Atreo)


                                                       
                                                           (Grandes civilizaciones: Grecia)


    Grecia, Edad del Bronce



                                                                   Documental: Guerra de Troya ( Canal Historia)


                                 Apuntes de clase